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Monasterio Santa María de El Paular

Rascafría - Categoría Cultural
Imagen de la ruta Monasterio Santa María de El Paular
->Descripción

  Teléfono: 91 869 14 25

Horario de misas: Lunes a Viernes 20:30 h

Sábado: 8:00 y 19:30 h

Domingo y Festivos:12:00h (misa cantada)

Horario de visitas: Lunes a Sábado (excepto Jueves) 12:00, 13:00 y 17:00horas

Jueves: 12:00 y 13:00 horas

Domingos y días de precepto: Verano 13:00, 17:00 y 18:00 horas

Invierno 13:00, 16:00 y 17:00 horas

Notas históricas

El 29 de agosto se conmemora la fundación del Monasterio de El Paular que ya ha cumplido más de 600 años de existencia. Seis largos siglos que han contemplado los diversos avatares a que ha de enfrentarse toda pervivencia un tanto prolongada en el tiempo. En la breve noticia sobre esta  cartuja que fue, vamos a agrupar la historia en torno a tres ejes principales: El Paular Cartuja (1390 - 1835), El Paular Desamortizado (1835 -1954) y El Paular recuperado para la vida monástica (desde 1954). Periodos muy desiguales en interés y en duración: 445 años de itinerario cartujano; 119 años de privatización; unos 50 años de andadura benedictina.

 

I. Los Cartujos

El 29 de agosto de 1390 donaba Juan I de Castilla a la Orden cartujana, en la persona de su procurador dom Lope Martínez, monje de Scala Dei y natural de Segovia, sus “Palacios del Poblar”. Ese mismo día, en presencia de Don Juan I, Don Juan Serrano, obispo de Sigüenza y por delegación de Don Pedro Tenorio, arzobispo de Toledo, hizo el “traspaso y canónica colación a dom Lope de la ermita allí situada, que se titulaba Santa María del Poblar” y de la que hace mención Alfonso X el Sabio en su Libro de Cetrería.

 

Se estableció así acta de la primera Cartuja de Castilla y sexta de las fundaciones cartujanas en España, ubicada en la provincia de Segovia (desde 1834 pertenece a Madrid), en el incomparable marco geográfico del valle de Lozoya, a una hora larga de la Capital de España.

 

No obstante las fuentes cartujanas que relacionan la fundación de El Paular con pretendidas cláusulas testamentarias de Enrique II de Trastámara, las reales motivaciones fundacionales de El Paular se inscriben en el marco del movimiento reformista acunado en la corte de Juan I de Castilla, y que tomó cuerpo legal en las Constituciones promulgadas en las Cortes de Palencia, por el legado papal, el cardenal español Don Pedro de Luna. Sin embargo los colaboradores de Don Juan I estaban convencidos de que no bastaba con establecer unas normas de disciplina monástica: insistían en la necesidad de disponer de algunos focos que irradiasen y alimentasen la vida religiosa de Castilla. Y efectivamente, en el lapso increíblemente corto de un año, Juan I procedía a la erección de tres monasterios piloto llamados a ser fundaciones cimeras de sus respectivas Órdenes: Guadalupe (15 agosto 1389), de monjes jerónimos que vivían los fervores novicios de su reciente creación (18 octubre 1373); El Paular (29 agosto 1390), de austeros monjes cartujos y San Benito el Real de Valladolid (21 septiembre 1930) de “monjes prietos” de la venerable Orden benedictina. Tres fundaciones presididas por el cuño del fervor y de la más severa observancia.

 

De la importancia de San Benito el Real de Valladolid, cabeza de la Congregación que lleva su nombre, y del monasterio-santuario manchego de Guadalupe, estamos sobradamente informados. También la Cartuja de El Paular ejerció su benéfica influencia sobre el resurgimiento religioso de España, tan deteriorado por el flagelo de la “peste negra” (1347-1350). El Paular será para las Cartujas de la Provincia cartujana de Castilla, lo que Scala Dei fue para las de Cataluña. Así, fundará o intervendrá preponderantemente en la fundación de Santa María de Las Cuevas, de Sevilla (1400), cartuja de Aniago (1441), Cartuja de Miraflores (1442) y Granada (1515). Y cuando, en 1442, se erija canónicamente la provincia cartujana de Castilla, ella suministrará el primer Visitador, y su Prior, dom Juan de la Parra (1577), será elegido primer Vicario General de la Congregación nacional de los cartujos españoles segregados de la Grande Chartreuse. De El Paular serán los dos Padres que, el 26 de Julio de 1415, presidirán el Capítulo General de los jerónimos celebrado en Guadalupe, que elegían su primer General en la persona de fray Diego de Alarcón, Prior de Lupiana.

 

El primer Capítulo General de la ya erigida Congregación nacional de los Cartujos españoles (4 julio - octubre 1789) tendrá como escenario de sus deliberaciones la Cartuja del Valle de Lozoya. Más tarde y probablemente merced a los méritos adquiridos en el movimiento secesionista de La Grande Chartreuse (Francia), del que El Paular fue uno de los centros más activos, será respetada por las leyes desamortizadoras de gobierno liberal de Fernando VII, tendentes a la supresión de las Casas religiosas y publicadas en 1820. Pero en 1835, que cerrará definitivamente la Cartuja de El Paular.

 

Durante estos cuatro siglos y medio, El Paular, inicialmente terminado en 1442 por Juan II de Castilla y totalmente remodelado por Juan Guas, arquitecto de los Reyes Católicos, se convirtió en una de las Cartujas mejor dotadas, hasta el punto de que en 1515 puede permitirse el lujo de construir a sus expensas la Cartuja de Granada. Su potencial económico fue notable: disponía, entre otras fuentes de economía, de una Cabaña Real con 86.000 cabezas de ovejas merinas, y su “Molino de Papel” elaboró el papel en el que se imprimó la editio princeps del Quijote cervantino. Sus propiedades rústicas y urbanas, agrupadas para su explotación, en torno a la “Conrería” situada en Talamanca del Jarama (Madrid), eran inmensas. Tanto, que alguien denominó este patrimonio como “el ministerio de hacienda” de los cartujos.

 

De la época gótica –básicamente con Juan Guas como arquitecto responsable– se conservan el esbelto Claustro Grande, el Refectorio, el Atrio de la Iglesia y el espléndido Retablo del Altar Mayor, uno de los mejores del gótico flamenco, labrado en alabastro policromado. Obra finísima de rejería es la Verja de Iglesias (1491-1492), obra del monje de El Paular fray Francisco de Salamanca. Tan de encaje que se ha dado en llamarla “la peineta castellana”.

 

El barroco cuenta asimismo con valiosas muestras: la Biblioteca, la Sala Capitular y, muy especialmente, la Capilla del “Transparente”, construcción absidial levantada entre 1705 y 1725 por el equipo cordobés integrado por Francisco Hurtado Izquierdo, como arquitecto, Pedro Duque de Cornejo, como escultor, y Acisclo Palomino, como pintor, es decir, el mismo equipo que previamente había realizado la obra paralela de la Cartuja de Granada.

 

El Paular cuenta con un nutrido «priorologio», integrado por 91 hombres y un total de 117 prioratos (algunos priores fueron reelegidos). De ellos, el protoprior fue dom Lope Martínez, muerto en 1396, y el último dom Francisco de Paula Villar. Entre los demás, tres destacan por su especial relieve.

 

1.                  Bernardo de Castro (1520-1585), educado en el palacio de don Antonio Manrique, obispo de Málaga, fue prior de El Paular (1570-1574) y visitador de Castilla. Recibió en 1555 la orden de su prior, dom Juan de la Parra, y de los visitadores de redactar la memoria de la fundación y dotación de El Paular; su trabajo, que suele conocerse como «libro del Bezerro», fue un manuscrito de 381 folios que recogía la historia de los primeros 175 años de vida de El Paular, una obra honesta y, en general, bien documentada.

 

2.                  Rodrigo de Valdepeñas (1505-1560) nació en Ciudad Real y fue prior de El Paular entre 1536 y 1545. En 1552 se le nombró visitador de Castilla. Además del libro sobre el origen, la fundación y la remodelación de la Cartuja de Granada, escribió una glosa devota y cristiana acerca de las coplas de Jorge Manrique y adornó con versos de pie quebrado las puertas de las celdas del claustro grande de El Paular. Se conserva la colección completa, aunque ya no en su lugar original.

 

3.                  Juan Baeza (muerto en 1641) nació en Belmonte (Cuenca) y se doctoró en ambos derechos. Ingresó en El Paular en 1609 y fue prior en tres ocasiones. Su copiosa obra literaria manuscrita quedó en el archivo de El Paular. recuperándose últimamente una de sus obras. Encargó al pintor Vicente Carducho la realización de 54 lienzos sobre la vida de San Bruno y sobre varios asuntos de la orden cartujana para el claustro grande, una colección que aún se conserva. aunque por el momento está en un piadoso exilio administrativo. A instancias suyas, don Melchor Moscoso, obispo de Segovia, consagró la iglesia del monasterio el 11 de julio de 1629. Poco después, don Melchor ingresó como monje en El Paular, donde murió en 1632; en el monasterio se conserva su sepulcro, o memoria sepulchri.

 

Aunque no fueron priores, otros tres monjes de El Paular son ilustres por más de un concepto. En primer lugar, Francisco de Salamanca, el famoso rejero español que, además de la verja de El Paular, forjó la gran verja de Guadalupe, tres verjas de la Catedral de Sevilla y dos de la Catedral de Segovia. En segundo lugar, fray Martín Galíndez, buen pintor y magnífico matemático, que realizó en 1627, basándose en un modelo babilónico, el reloj de sol situado en el primer plano del frontispicio del templete del claustro grande. En tercer lugar, dom Bruno Solís y Valenzuela 1616 - 1677), que nació en Bogotá, Colombia) y escribió su Laurea critica, la primera pieza dramática escrita en Nueva Granada por un nativo y cuyo texto conservamos. Fue maestro en artes, doctor en teología, predicador apostólico, notario del Santo Oficio y juez asistente de los exámenes de beneficios curados. Vino con una comisión a Madrid en 1639 y va no regresó a Colombia, ingresando en El Paular el 14 de septiembre de 1639. Se conocen unas 35 obras suyas entre ellas la Relación histórica de la real fundación de la sagrada cartuja de Santa María de El Paular (1 de enero de 1643). Fue el creador, o al menos el mayor impulsor, de la teoría de que la fundación de El Paular se debió a la manda testamentaria de Enrique II, por el doble motivo de expiar su participación en la muerte de su hermano Pedro I y de compensar por la cartuja que habría destruido en su iter gallicum. Ya apuntamos la inexactitud histórica de tal afirmación.

 

II. La Secularización

Una de las motivaciones de la Ley de Desamortización fue la presión económica de un erario público exhausto. Por eso, no es de extrañar que los bienes desamortizados se pusieran inmediatamente en venta. Pero la propiedad de El Paular era cuantiosa y su precio consiguientemente elevado. Hubo que parcelar para vender, y de ese modo, sus bienes, de unas “manos muertas” fueron a parar (sin provecho para las arcas del Estado) a “otras manos muy vivas”. Tan sin provecho, que el monasterio vendido en 1844 al Excmo. Sr. D. Rafael Sánchez Merino por 40.000 duros, era adquirido veinte años más tarde por el propio Estado vendedor en 60.000 duros. ¡Y eso sólo el polígono monumental! El mismo Consejo de Estado hubo de reconocer que “era doloroso adquirir mediante crecida suma un edificio del cual se desprendió la Nación por muy reducida cantidad” Así se reconocía oficialmente la malversación del Patrimonio de la Nación, en aras de la Ley de Desamortización, que le costó a España la pérdida de un 60% de su tesoro artístico.

 

El Real Decreto de 25 de Julio de 1835, eximía de ser aplicados al pago de la Deuda pública –es decir, se excluían de la venta- los archivos, bibliotecas, pinacotecas y demás enseres de las casas religiosas suprimidas, que pudieran ser útiles a los institutos de ciencias y artes. El archivo de El Paular (6 pergaminos de los siglos XIV-XV y 116 legajos) se trasladó en bloque al Archivo Histórico Nacional; la biblioteca, muy diezmada por las tropas francesas durante el periodo de ocupación, también se trasladó, al menos en parte “cinco cajones grandes”, a la Biblioteca Nacional. Los demás valores, exceptuada la colección de lienzos que Vicente Carducho pintó para el Claustro Grande que, en 1836, pasó al Museo Nacional instalado en el exconvento de Trinitarios, de Atocha, quedaron en El Paular, comprometiéndose el comprador a velar por su buena conservación. Esta cláusula de la Escritura de compra-venta pesó como una losa sobre la economía del Sr. Sánchez Merino, que acabó por proponer al Estado la siguiente alternativa: o bien se votaba un presupuesto especial para la conservación del patrimonio artístico El Paular, o bien el Estado lo readquiría, exonerándole de semejante obligación. El Estado optó por la segunda parte de la disyuntiva y, a propuesta de la Real Academia de Bellas Artes, el ministerio adquirió la parte monumental del Monasterio el 22 de junio de 1874, que dos años más tarde declaraba “Monumento Nacional histórico-artístico”. Incomprensiblemente, en el polígono de Bellas Artes no se incluyó ni el Claustro primitivo de 1400, ni el palacete del rey Enrique III a él adosado. El Estado puso como celador de su patrimonio a Don Faustino Alonso, sobrino del último cartujo de El Paular que, en 1914, llevaba ya en el cargo la friolera de medio siglo.

 

Por Real Orden de 7 de abril de 1883 se dispuso, con el dictamen en contra de la Academia de Bellas Artes, el traslado a San Francisco el Grande, de Madrid, de las tres sillerías de El Paular: la de los Padres, la de los Legos y la de Sala Capitular, en calidad de depósito y siempre que hubiera necesidad de destinarla a otro sitio, se dispondrá su devolución. El autor de las sillerías de Padres y Legos fue el segoviano Bartolomé Fernández, que labró asimismo la sillería de El Parral, de Segovia; el autor de la sillería de Sala Capitular es José de la Torre, discípulo de Churriguera.

 

Ante este progresivo expolio, hubo varios intentos de recabar la atención sobre el valor del conjunto Monumental de El Paular y su maravilloso enclave en el valle del Lozoya, en cuya cabecera se declaró el Parque Natural de Peñalara en 1990.

 

Primero fue la Institución Libre de Enseñanza, con D. Francisco Giner de los Ríos a la cabeza, la que descubrió El Paular como escenario ideal de excursiones con estudiantes, organizadas periódicamente. Más tarde, desde 1917 a 1953, la Academia de Bellas Artes de San Fernando instala en la antigua Celda Prioral, el “Pensionado de Pintores” o “paisajistas” de El Paular. Luego, El Paular se convierte en lugar de veraneo de los Menéndez Pidal, los Ibáñez Marín, los Troyano de los Ríos, los Vega, los Mesa y otros. Se suceden varios intentos de crear una Biblioteca de alpinismo al servicio de los montañeros del Club Peñalara.

 

El 4 de agosto de 1909, un incendio provocado por un rayo sobre el nido de cigüeñas de la Torre (obra ésta de Ventura Rodríguez) afecta seriamente las cubiertas de la Iglesia. Si la situación y futuro de El Paular eran ya preocupantes, este suceso agudizó el proceso de desmoronamiento del edificio.

 

Durante varios años funcionó una residencia de minusválidos en el antiguo Noviciado de los cartujos. Finalmente, se fue creando paulatinamente una fuerte corriente de opinión para que el Estado readquiriese la parte de edificio todavía en manos particulares, para establecer en El Paular una Universidad de verano, proyecto que culminó con la expropiación forzosa decretada el 18 de julio de 1936. Los avatares de la guerra civil iniciada ese mismo día paralizó la ejecución del proyecto. Proyecto que se reiniciaría una vez terminada la contienda. Efectivamente, el 20 de octubre de 1943, el Ministerio de Educación readquiría El Paular: toda la zona edificada más la huerta, siempre con la idea de crear allí una Universidad de verano.

 

 

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