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Historia de Garganta de los Montes

INFORMACIÓN SOBRE LA HISTORIA DE LOS MUNICIPIOS DE GARGANTA Y EL CUADRÓN




Orígenes medievales


A partir del proceso repoblador puesto en marcha por los reyes castellanos en plena Reconquista, nace Garganta de los Montes. De ahí que este apartado se centre en los precedentes históricos que dan origen al pueblo en sí, y a sus duros comienzos a lo largo del medievo. 

Prácticamente desde un principio, el estudio de la historia de Garganta requiere ser abordado desde una perspectiva amplia, en la que se aprecie la relación existente con el señorío de Buitrago, una relación que sumerge a nuestro Concejo en una dependencia directa de carácter feudal hacia el Duque del Infantado, dueño del señorío. Este rige en consecuencia todos los aspectos de la vida garganteña, a través de las actividades cinegéticas, la presión fiscal y jurídica, la explotación ganadera fuertemente protegida por la Mesta (de la cual forma parte la oligarquía residente en Buitrago); todos estos elementos esculpen una estructura socio-económica que se mantendrá durante siglos, y que hundirá a toda la población campesina en un régimen cerrado de subsistencia.


Nacimiento de Garganta y El Cuadrón


A la hora de abordar el origen concreto de Garganta de los Montes, nos encontramos con una serie de problemas relacionados con la carencia de datos, puesto que no se conoce ningún documento que atestigüe la fecha de fundación, ni se han llevado a cabo estudios arqueológicos para determinar la antigüedad exacta del municipio. Sin embargo, a través de las fuentes medievales, y de diversos estudios centrados en la zona, se puede llegar a una aproximación con respecto al momento cronológico en el que surge Garganta.


Como anteriormente se ha dicho, una vez asociada la Tierra de Buitrago a la política arzobispal, se impulsó el proceso repoblador iniciado ya a comienzos del siglo XII. Este hecho fue indispensable para que la Villa de Buitrago tuviera la suficiente presión demográfica como para buscar nuevas zonas aptas para el ganado en las proximidades, y crear asentamientos primitivos que alejaran a colonos segovianos de sus objetivos expansionistas. Por lo tanto, pastores buitragueños, conocedores del partido (consecuencia de la búsqueda de pastos para el ganado del que se responsabilizaban), comienzan una primera etapa colonizadora de las tierras próximas a Buitrago, una primera fase en la que los asentamientos tienen a menudo un carácter inestable y débil, debido a la mala elección del terreno, quizá radicada en la rapidez inducida por el Arzobispado. 


En muchos casos se produjeron asentamientos en zonas donde la tierra se caracterizaba por poseer un manto muy pobre, o por su disposición en umbría. Estas malas localizaciones pudieron estar causadas también por el aprovechamiento de caseríos ya establecidos (con el fin de aprovechar estructuras ya existentes), a partir de los cuales, se planeaba la formación de una aldea. Así surgieron varios pueblos, con, un futuro caduco impuesto por una mala elección del asentamiento, pueblos con una corta vida, condenados a la despoblación, pero que sin duda, cumplieron con su principal misión, que era la de colonizar la despoblada Tierra de Buitrago para consolidar demográficamente lo que Alfonso VII con la concesión del Privilegio, había definido como una región independiente de la Villa y Tierra de Segovia. Pero no todos estos primitivos asentamientos han llegado a nuestros días como despoblados, algunos consiguieron sobrevivir, siendo un claro ejemplo la Puebla, lugar del que su fundación data de las fechas en las que nos estamos moviendo, pues su origen hay que situarlo a mediados del siglo XII. Hay que señalar, que de esta primera generación de pueblos, no tenemos la certeza de que haya existido algún asentamiento en las tierras por las que luego se extendería el Concejo de Garganta.


No es hasta el siglo XIII, cuando se lleva a cabo una segunda oleada de asentamientos en la región, favorecida por el avance de la frontera musulmana, la consolidación política de la Tierra de Buitrago, un mejor conocimiento de la zona y la existencia de un móvil puramente económico y no político como ocurre en la primitiva fase colonizadora. Durante la primera mitad del siglo, es cuando algunos pastores de Buitrago deciden establecerse en lo que hoy es el Término Municipal de Garganta, en un primer momento a partir de pequeñas casas para el resguardo pastoril, que más tarde, con la llegada de más pobladores en su mayoría provenientes de Buitrago y el cercano pueblo de Ferreros (ya desaparecido), aumentan en número y capacidad entorno a la ancestral devoción a San Isidro, imagen venerada en la ermita de este último. De esta forma es como Garganta de los Montes nace en esta tierra, un enclave con numerosos pastos para el desarrollo del ganado, y una tierra que si no es muy fértil, ha sido lo suficientemente apta para alimentar a una población que aún en nuestros días, se mantiene con relativa fuerza, gracias en gran medida a los sistemas de regadío potenciados por las laderas de la garganta, que han significado durante siglos una garantía para la salud de linares, pastos y huertos en nuestro pueblo. Además de Garganta, en esta época también surgen otros pueblos dentro del Término, asentamientos que debido a diferentes causas acabaron despoblándose, pero que siguieron el mismo proceso que Garganta. Estos fueron los casos de Cañizuela, San Silvestre y el ya citado Ferreros, asentamientos que junto a la aldea garganteña, en 1275 estaban totalmente reconocidos, y formaban colaciones entre ellos y con otros pueblos de la zona.


Existe un tercer movimiento colonizador en el siglo XV. Otro despoblado más como Pajarilla, y el caserío de El Cuadrón, surgieron en esta época, en el caso del segundo a consecuencia de un fenómeno que en unos casos contribuyó a la extinción de algunos pueblos, y en otros significó la formación de otros nuevos. Este fenómeno es el de la expulsión de los judíos, hecho que provocó profundos cambios en la propiedad de la tierra de todo el Partido, y que como veníamos diciendo, ayudó a que asentamientos como el de El Cuadrón se formaran y consolidaran.


Origen de El Cuadrón


Su origen como pueblo, por un lado se debe a una emigración provocada por una buena localización, basada en la existencia de tierras fértiles y en la cercanía del Lozoya; por otro lado, como se reseñaba antes, su aparición se debe también a una relación existente entre su formación y la situación acaecidaza tras la desaparición del cuerpo social judío, dueño de importantes posesiones en la zona de El Cuadrón, que al ser expropiadas, sirvieron a gentes venidas de Garganta para asentarse en lo que hasta ese momento había sido un simple y rico caserío con una mínima población relacionada con la explotación de la dehesa de Cobos, dependiente de San Silvestre, antiguo anejo de Garganta Sin embargo, a pesar de que en 1492 este lugar recibiera un número considerable de habitantes, no está claro cual fue su definición exacta en cada momento, ya que se presentan dificultades a la hora delimitar cuando fue caserío, y cuando fue pueblo. La alternancia entre estos dos status, parece que dependió de las circunstancias que trajo consigo la historia, así por ejemplo, cuando la epidemia de peste llega en 1599, la pequeña población de El Cuadrón no pudo soportar la elevadísima mortandad, traducida en una crisis demográfica total, de la cual no se pudo recuperar hasta el siglo XVIII. Lo que sí está claro es que nunca ha constituido un concejo propio dentro de la Tierra de Buitrago, perteneciendo siempre a la jurisdicción de Garganta. Su demografía inestable, no permitió en ningún momento la aparición de instituciones civiles y eclesiásticas capaces de aspirar a una independencia con mayores beneficios en el ámbito económico.

 

Es posible que en el siglo XV también surgiera el pueblo de Gargantilla, al que hacemos alusión, porque de cuyo origen, se dice que vecinos de Garganta emigraron de esta para fundar un nuevo asentamiento, escapando de una epidemia, o para evadir ciertos impuestos o tributos, según dice Matías Fernández cuando analiza el nacimiento de pueblos a partir de otros cercanos. Es curioso como Garganta se presenta como uno de los pueblos con una capacidad demográfica suficiente para soportar la emigración de un número considerable de sus pobladores, ya que tanto El Cuadrón, como Gargantilla (el cual evidencia su procedencia a través de su toponimia) deben su paternidad a Garganta.


Consolidación en la Edad Moderna


La entrada en la modernidad viene a significar la maduración y consolidación del Municipio. La convulsión provocada por la desaparición del grupo social judío genera consecuencias fundamentales para la configuración del terrazgo de esta fecha en adelante, y por otro lado permite la aparición de una cierta habitabilidad estable en El Cuadrón. En esta larga etapa, comienza también un proceso de delimitación fronteriza, primeramente entre comunidades de villa y tierra y, posteriormente entre concejos, lindes que por medio de tratados de conveniencias van definiendo progresivamente el mapa político de la región. Todos estos avances, dignos del transcurso de maduración en el que se encuentra Garganta, requieren una base legal que regule los elementos en los que se estructura la vida del señorío; esta base legal se solidifica a partir del siglo XVI, con la promulgación de diversas ordenanzas.


En medio de esta coyuntura, sucede algo imprevisto que hunde en crisis a la población de Garganta durante años, la peste bubónica que se desarrolla durante 1599, extiende la muerte en toda la comarca. La epidemia es el origen también de la extrema adoración a la Virgen de Nuestra Señora de los Prados, pues tras la precipitada erradicación de la peste en el Concejo, la fe en ésta aumenta desde todos los puntos del señorío, al creer que el cese de la enfermedad se debe a una acción milagrosa.


El fin de esta fase moderna, presenta el protagonismo de las ideas ilustradas, que fomentan la creación de estudios catastrales importantísimos, como los del Marqués de la Ensenada (1751) o el del Cardenal Lorenzana (1782-86), documentos que hoy en día permiten conocer con gran precisión cómo era la vida de las gentes garganteñas en el siglo XVIII.


Edad Contemporánea: la transformación


Durante el siglo XIX se va a producir en Garganta la mayor transformación política, económica y social desde que en el siglo XIV entrase a formar parte del señorío de Buitrago. El Antiguo Régimen representado por la dependencia de Garganta al poder señorial, entra en una profunda crisis de la cual resulta su extinción. Las causas tienen sus precedentes en las ideas ilustradas importadas de la nación francesa por algunos políticos españoles, ideas que chocan frontalmente contra los intereses de las clases privilegiadas, sobre todo cuando a principios del siglo XIX la Guerra de la Independencia genera movimientos progresistas como el creador de la Constitución de Cádiz. Los cambios surgidos a raíz un nuevo sistema liberal, basado en el capitalismo vienen ejemplificados por el importante proceso de desamortización, que introduce modificaciones en la propiedad de la tierra y en el entramado social. Además, la nueva orientación de la economía hacia una agricultura más intensiva, exige una concreción clara de los términos municipales y de las parcelas interiores, de ahí que las lindes sean objeto de precisión durante el siglo.

 

El siglo XX conlleva el acceso a una nueva vida para los vecinos garganteños, significa la conquista progresiva de un cierto bienestar, la huida del régimen de subsistencia y de las penurias económicas y tecnológicas, estas últimas adquiridas principalmente en la segunda mitad del siglo.


Siglo XIX: fin del Antiguo Régimen


1. Ocupación francesa. El siglo XIX tuvo un comienzo fascinante: la obsesión de Napoleón de cerrar la Europa continental a Gran Bretaña le llevó a ocupar España en 1808, y a pesar de que las tropas francesas no llegaron a generar en Garganta la convulsión acontecida en Buitrago, el hecho es digno de mención, pues la cercanía del suceso de la toma de Somosierra y el paso del Emperador francés por esta última Villa, precedieron a la conquista de Madrid. Las tierras de Garganta vieron como el avance francés amenazaba la capital, aquellos años supusieron un impacto de calado internacional, que a nivel local, trajo consecuencias importantes para los pueblos de la zona, ya que además de las consecuencias de la batalla de Somosierra, los gobiernos franceses introdujeron reformas legislativas y cambios administrativos basándose en el modelo francés de departamentos, a partir del cuales, los pueblos del señorío buitragueño quedaron incluidos en la Prefactura de Guadalajara. Sin embargo, debido al escaso tiempo de la ocupación, y a la carencia de una infraestructura socio-económica capaz de soportar los avances propuestos, estos cambios fueron efímeros.

 

Ya desde la Edad Media, el paso de Somosierra se había considerado un punto básico de comunicación en la ruta norte-sur a su paso por el Sistema Central, barrera divisoria entre las dos mesetas, y por esta razón se convirtió en uno de los primeros escenarios bélicos de la Guerra de la Independencia con la batalla de Somosierra. El enfrentamiento que se produjo el 30 de noviembre de 1808, se decanto del lado francés, con la consiguiente toma del puerto. El mismo día, Napoleón decidió avanzar hasta Buitrago donde descansó aquella noche, mientras parte de la caballería de la Guardia alcanzaba la Cabrera y San Agustín, y la mayor parte de la infantería formaba retaguardia en Robregordo. El éxito francés fue causado por la imprevisión española, que no concentró sus fuerzas en puntos tan estratégicos como Somosierra y la Tierra de Buitrago, situando el grueso de sus tropas en Sepúlveda y Segovia, haciéndolas de esta manera inútiles ante el avance francés sobre Madrid.

El miedo impregnó a los pobladores de Garganta cuando oyeron que el gran Emperador francés se encontraba en la Villa capital del señorío. Sólo se conservan los testimonios del bando francés, a través de lo recogido por periodistas de campaña, dando una versión de los hechos bastante subjetiva, pues se encubren los abusos que llevaron a cabo las tropas francesas en Buitrago. Pero según comenta Madoz cuarenta años después: «Conservará largo tiempo esta población triste memoria del horroroso tránsito del extranjero». Buitrago quedó arrasado, absorbido por la presencia de las tropas de ocupación, sufriendo daños irreparables como la pérdida de su Archivo Concejil. A pesar de la corta estancia francesa en la zona, se hizo necesario un pequeño avance militar sobre los pueblos de alrededor en busca de víveres para el mantenimiento de las tropas. Lo que a su vez significó algún que otro saqueo, como el sufrido en la iglesia garganteña, que tristemente se centró en los objetos de mayor valor. Por lo tanto, Garganta no sufrió tanto como la Villa de Buitrago en el cruel paso de los invasores, pero sin duda, como espectador de primera línea de este gran suceso histórico tuvo que hacer frente a estos sucesos tan negativos para el patrimonio del pueblo.


2. Fin del señorío de Buitrago: transformación económica. La vida de los habitantes de Garganta permanecía intacta en lo fundamental; desde la ocupación francesa, el transcurso del siglo en nuestro pueblo no tuvo grandes hechos significativos hasta 1821, año en el que comienza el Trienio Liberal. Basándose en lo propuesto en las Cortes de Cádiz, se lleva a cabo un cambio en lo que respecta a la administración territorial del Estado, una nueva división provincial diseñada por Javier Burgos incluye a Garganta de los Montes por primera vez en la Provincia de Madrid. El principal objetivo de este nuevo modelo era el de imprimir una mayor centralización al sistema, pues desde el siglo XVIII, el poder de los ayuntamientos, y en especial el de las jurisdicciones señoriales como la de Buitrago, se habían hecho con un grandísimo poder. De ahí que se supriman todo tipo de privilegios forales y señoriales, y se eliminen ciertos cargos jurisdiccionales como el de corregidor. Se mantienen los cargos de alcalde, procurador y procurador síndico, pero esta vez con la elección independiente de éstos en los propios ayuntamientos. De esta manera se acaba con el control total del Duque, y es ahora el Estado el que ostenta todas las direcciones jurisdiccionales, dando un durísimo golpe de fuerza sobre la nobleza, al desposeerla de sus codiciados privilegios.


Todo esto supone un gran cambio político para la comarca, y se traduce en un lento proceso de transformación económica al desaparecer gran parte de los elementos que habían configurado la estructura ensamblada sobre la elevada presión fiscal y los intereses cinegéticos y ganaderos del Duque del Infantado. Estos habían condicionado enormemente la vida económica de los habitantes de Garganta y los demás pueblos del señorío durante siglos, ya que les habían sumido forzosamente en un régimen de subsistencia que era inviolable por las promulgadas Ordenanzas de Villa y Tierra, que blindaban el sistema bajo multitud de cláusulas y duras penas.


El carácter ganadero de la región, definido así por los grandes propietarios del señorío, acaba por descomponerse en 1836, cuando la desaparición del Honrado Concejo de la Mesta y de sus privilegios se hace realidad por Real Orden, y el deterioro progresivo de las posibilidades de comercialización de los productos derivados del ganado lanar llega a su momento crítico en la primera mitad del siglo XIX. Esto supone el punto de inflexión, donde la agricultura, reprimida durante siglos, comienza a ganar terreno a la ganadería. La configuración del terrazgo, siempre a favor de esta última, queda ahora abierta a las necesidades de las gentes de Garganta, y las roturaciones comienzan a ser intensivas. El proceso del avance del cereal frente al pasto se presta con gran velocidad, pues en a penas medio siglo la superficie dedicada a la explotación ganadera se reduce en algo más de un 10%, llegándose para todo el Partido a una extensión media por agricultor de 46,3 fanegas en 1858, una cifra alta en comparación con épocas pasadas.


En consecuencia, se produce un cambio importante en la estructura económica de Garganta, una reconversión hacia una base agrícola. En un principio se puede pensar que esto fue la solución perfecta para los pobladores ansiosos durante siglos de más tierras de cultivo, sin embargo, no se consiguió salir de la situación de subsistencia. ¿Por qué no mejoraron las condiciones de vida si ahora no existía el impedimento de la protección ganadera? Muy sencillo, porque las tierras roturadas eran de una gran pobreza, y aunque la producción aumentó con el número de tierras de sembradura, siguió siendo deficitaria para una población que a mediados del siglo XIX, era incluso más baja que en 1751.

Pero existe otro factor importante que explica la permanencia de la clase campesina en esta precaria situación: las desamortizaciones del siglo XIX, ya que aunque estas no fueron muy intensas en el Término garganteño, cambiaron en parte la propiedad de la tierra, la cual sufrió un proceso de concentración que dio lugar a una nueva estratificación social.


3. Desamortizaciones decimonónicas. La desamortización puesta en marcha en el siglo XIX, supone una liberalización de la tierra y también una mercantilización de la misma. Es un síntoma de progreso, la agricultura se introduce de forma directa en el sistema capitalista, transformando toda la distribución de la propiedad y la configuración de los grupos sociales. Pero el objetivo fundamental de incorporar la agricultura al capitalismo, era el de modernizarla y conseguir así una mayor productividad. Debido a ello era necesaria una expropiación masiva, una desamortización más intensa que las llevadas a cabo en épocas anteriores, que atacara directamente a las «manos muertas» del Estado, forma en la que se denominaba a las instituciones que acumulaban tierras que no estaban sujetas a ningún tipo de explotación, manteniendo así un régimen improductivo. Luego el Estado llevaría a cabo por subasta pública la venta a particulares de las tierras confiscadas.


La desamortización es un proceso largo, que en Garganta comienza con las expropiaciones a la Iglesia de 1836 iniciadas por Mendizábal. Estas no afectaron de manera especial al Término garganteño, ni influyeron lo suficiente como para variar la propiedad de la tierra, pues únicamente se desamortizaron 12 tierras que en total suponían 187 fanegas, ascendiendo el precio de venta total a 95.098 reales de vellón. Al ser la mayor parte de las tierras de poca extensión, con un precio relativamente bajo, fueron adquiridas por los vecinos con más posibilidades, redondeando así sus propiedades y acrecentando sus patrimonios.


No es hasta la década de los cincuenta cuando llegan los cambios más profundos en lo que se refiere a la distribución de la propiedad, puesto que en 1855, bajo la ley desamortizadora instaurada por Pascual Madoz, se decide intervenir principalmente sobre los baldíos comunales, incluyendo en su Artículo 1.° que «se declaran en estado de venta los predios pertenecientes a los propios y comunes de los pueblos». Esto tenía una incidencia directa sobre Garganta, puesto que algo más del 50% de las tierras del Municipio pertenecía al Común. En este caso, los vecinos no pudieron asumir tales gastos, fueron forasteros con un gran potencial económico, en su mayoría de Madrid, Segovia o Guadalajara, los que se hicieron con la propiedad de las tierras desamortizadas. Sin embargo, también antiguos y grandes propietarios en la región, como la familia Fernández del Pozo, bien conocida por los garganteños, por sus posesiones en la dehesa de Cobos, adquirieron aun más tierras en este proceso.


Las consecuencias sociales para los habitantes de Garganta fueron importantes, pues nada más ser privatizadas las tierras públicas, fueron puestas en régimen de explotación por sus nuevos dueños, tomando como mano de obra a los vecinos del pueblo. No está claro si la privatización se tradujo en una productividad elevada o no, parece que no fue muy positiva a causa de la baja calidad del manto, pero sin duda significó una oferta importante de jornales que mejoraron levemente las condiciones de vida, y más aun para aquellos que poseían medios de producción complementarios, como el utillaje agrícola o el ganado de labor.


En lo que respecta a la cúspide social, la desamortización civil trajo consigo una nueva clase dominante, una oligarquía agrícola que venía a sustituir a la extinta nobleza ganadera. Esta nueva situación, trae a la región a grandes propietarios favorecidos por la concentración de tierras surgida de la nueva coyuntura capitalista, lo que en la práctica, les sitúa muy cerca del control político de la zona. Sin embargo, tanto el Duque como los hidalgos que poseían amplios territorios en el Partido, se vinculan también al proceso desamortizador, y por lo tanto al nuevo sistema capitalista más centrado en la explotación agraria. De esta manera, en la nueva oligarquía de poder de la que depende Garganta, quedan incluidos todos los nuevos absentistas y algunos de los miembros del antiguo sistema de privilegios.


4. Concreción del Término Municipal (conflicto Garganta-Canencia). Las nuevas circunstancias manifestadas a consecuencia de las desamortizaciones, impusieron una necesidad de delimitar con precisión los polígonos de tierra y las lindes de los términos municipales; era una precisión demandada por el capitalismo, pues este se basaba en una explotación agraria intensiva. Además, la modernización técnica permitía a mediados del siglo XIX definir con exactitud las divisiones en el medio físico. Por lo tanto, es a fines de la década de los sesenta cuando comienzan los procesos de deslinde, con las negociaciones sobre el terreno entre los municipios interesados, y la formulación de acuerdos fronterizos al estilo de las antiguas conveniencias, esta vez con mayor exactitud al adjuntar croquis en los que se exponían los tramos entre las localizaciones de los mojones previamente acordadas.

Fue en 1869 cuando se llevó a cabo un profundo trabajo en este sentido, pues de dicha fecha se conservan cuatro documentos bilaterales de delimitación fronteriza en relación con los siguientes términos lindantes: Buitrago, Lozoyuela, Valdemanco y Bustarviejo. Estos tratados de frontera fueron revisados y renovados posteriormente, pero además, Garganta de los Montes realizó Actas de deslinde para su propio Término, en las que se detallan con gran precisión los tramos dibujados por las mojoneras.


Dentro de la reorganización político-administrativa acontecida en el siglo XIX, impulsada por la nueva coyuntura que había surgido al desaparecer el señorío de Buitrago, hay que destacar la progresiva pérdida de poder e importancia de la Villa de Buitrago en favor de Torrelaguna. La centralidad de Buitrago permaneció viva en algunos aspectos, por la fuerte inercia de la historia, pero la mayor importancia económica, y una población cinco veces mayor, hicieron de Torrelaguna la nueva capital comarcal en 1586, incluyendo así en su jurisdicción a Garganta de los Montes y El Cuadrón.


Explotación mineral sobre las tierras de Garganta y El Cuadrón


Tradicionalmente, la región goza de recursos minerales, y parece ser, que su existencia se supo en época medieval, pues el nombre del cercano despoblado de Ferreros delata un posible origen minero. Pero es en el siglo XIX cuando el aprovechamiento mineral comienza a presentar una mayor actividad, y un volumen de cierta importancia, alentado por los avances industriales y tecnológicos demandantes de ciertos minerales.

 

La actividad comenzó a tener una cierta regularidad en el siglo decimonónico, sin embargo no se llevo de modo intensivo, hubo etapas en las que las minas surgidas en el Término fueron abandonadas, para ser retomada su explotación más tarde. Es el caso de la mina de cobre garganteña, pues empezados sus trabajos de preparación a finales del dicho siglo, la extracción del metal fue intermitente hasta los años precedentes a la guerra civil. En 1953 se reanuda la explotación de la mina con una mayor eficacia, gracias sobre todo a la aparición de nuevas técnicas de extracción y a los trabajos previos orientados a la preparación de las infraestructuras necesarias. Se realizan obras de mejora sobre las vías de comunicación, se lleva a cabo el reforzamiento de la línea eléctrica que venía de Siete Iglesias, reparando los postes y aumentando en capacidad y calidad el cable que se extendía hasta la Horcajada, lugar desde donde partía la línea hasta un gran transformador construido en la mina; se comienzan los trabajos para instalar una bomba de agua en el pozo maestro, pues los años habían inundado las galerías, y además esta era necesaria para sacar el agua acumulado en un pozo interior artificial denominado caldera de 14 metros de profundidad, creado para que las aguas tuvieran un punto de concentración, y evitar posibles nuevas inundaciones en las galerías. También se construyó una casa que servía de almacén, una vivienda para aquellos trabajadores venidos de fuera, y frente al pozo maestro, una techada donde estaba el cabestrante, torno de eje vertical que se empleaba para mover grandes pesos por medio de una maroma, que se iba arrollando en él a medida que giraba movido por la potencia aplicada por un motor.


Una vez terminados los trabajos previos, se procedió a la explotación saneando todas las galerías para después empezar a sacar el cobre. Éste, una vez extraído en bruto por medio del barrenado de los filones (algunos de hasta 25 o 30 cm), era transportado en vagonetas sobre raíles, para recibir un tratamiento de lavado y machacado. Primeramente en la machacadora se molía ligeramente el metal concentrado, después se volcaba a través de cintas transportadoras a unos depósitos que se denominaban celdas. Finalizada esta operación, se procedía al lavado de xantato para eliminar los compuestos químicos adheridos al cobre, para posteriormente ser fundido en un horno en base a unas placas, que una vez enfriadas eran transportadas en camiones a Barcelona para su uso industrial. La salida comercial del cobre garganteño parece ser que fue muy buena, pues el metal poseía un 12% de plata y una pequeña cantidad de oro, incrementando su calidad y por lo tanto su valor. Sin embargo, aunque parece ser que existía un proyecto para profundizar aun más, ante la evidencia de filones más gruesos debido a la cercanía del tronco base, en 1959 se decidió cerrar la mina definitivamente. Las causas estuvieron relacionadas con la muerte por accidente automovilístico del director general responsable de la mina de Garganta, principal impulsor de su explotación, y sobre todo por la mayor rentabilidad de las minas onubenses, que también contenían un cobre de buena calidad, su cantidad era abundante y su extracción mucho menos costosa. Así pues la empresa que extraía en Garganta, especializada en la electrolisis del cobre, decidió abandonar las extracciones.


En El Cuadrón, ha existido durante muchos años un antiguo resto de escombrera en la calle de la fuente, donde existió un pozo de siete varas, que actualmente no se encuentra a la vista al haber sido cubierto por el pavimento. Esta mina, de escasa productividad, fue una más de tantas incipientes explotaciones en busca de cobres en la zona, comenzó su actividad a fines del siglo XIX con la extracción de blenda cadmífera, para su posterior obtención de zinc por electrolisis. La blenda tenía multitud de usos, pero el más común era la aleación con otros metales como el hierro o el acero, ya que estos adquirían una gran protección ante la oxidación. La vida de esta pequeña mina urbana fue corta, pues en 1915 el gran geólogo Lucas Fernández describe el yacimiento como abandonado.


Hay que comentar aquí la importancia que tuvieron las minas durante la mitad del siglo XX para los habitantes de Garganta y El Cuadrón, los cuales tuvieron una salida laboral más a parte del jornal ofrecido por los grandes propietarios de tierras. Pues por ejemplo, la mano de obra requerida por la mina de Garganta para los trabajos previos a su explotación, era de unos 30 empleados. Cifra elevada que tuvo que significar para muchas familias un sustento muy apreciado en unos momentos de posguerra muy duros

 


Durante el Antiguo Régimen, la Villa de Madrid había demandado grandes cantidades de carbón, y los duques del Infantado permitían la tala de árboles controlada en determinadas épocas del año para comerciar con la capital del reino. Este intercambio se mantuvo en el siglo XIX, incluso con una mayor intensidad, pues ya no existían las restricciones de las ordenanzas, convirtiéndose este en un factor decisivo en la configuración y evolución del paisaje serrano. Además, la obtención de carbón significaba un recurso importante para ayuntamientos como el de Garganta, el cual, todos los años arrendaba al mejor postor fincas de monte para la tala de árboles, con el propósito de fabricar carbón para venderlo en Madrid.


Sin embargo, el elemento mineral más codiciado por la capital del Reino en pleno siglo XIX fue el agua, pues ante el crecimiento demográfico que experimentaba la capital, y el agotamiento de los pozos acuíferos, la situación en este sentido comenzaba a ser crítica. Ante esta situación, el ministro de Obras Públicas Juan Bravo Murillo en 1848, estudia el problema del agua en la capital como un asunto de Estado, y tras el proceso de madrileñización en el que se encontraba la sierra desde su apropiación total en favor de Madrid con los ajustes político-administrativos de 1833, se decide entre varios estudios y tanteos subsanar el problema de abastecimiento a través de la obtención del agua perteneciente al río Lozoya. En 1851 comienzan las obras del Canal de Isabel II con la construcción de una primera presa en el Pontón de la Oliva, sin presentar consecuencias para Garganta. Sin embargo, ya en el siglo XX, habiéndose construido nuevas presas como la del Villar (1882) o la de Puentes Viejas (1925), el volumen de agua a depurar era mucho mayor, y se manifestó un problema relacionado con los pueblos que vertían al río, entre ellos Garganta y El Cuadrón. Se planteó la fijación de techos poblacionales para todos los pueblos de la cuenca del Lozoya, a cambio estos recibirían pequeños equipamientos en compensación. Parece que Garganta no accedió a la propuesta del Canal como si hicieron otros pueblos de la zona, ya que no se encuentra ninguna alusión en las actas municipales, pero lo que si es cierto es que se aprovechó de las infraestructuras eléctricas creadas por el Canal.


Guerra Civil


Una vez más, la zona norte de la sierra madrileña se iba a convertir en escenario bélico a causa de su posición estratégica como paso de montaña dentro de la ruta norte-sur de acceso a Madrid. Con el Alzamiento militar del general Franco y el acceso con sus divisiones a la Península desde África, la amenaza sobre el régimen democrático imperante en 1936 hacía que éste tambalease entorno a un clima muy tenso por la magnificación de los ideales políticos.

 

Corno es lógico, la capital era el punto clave para obtener el éxito, y su toma había sido diseñada por la facción rebelde desde el sur a través de Franco y desde el norte por medio del general Mola, mando supremo rebelde en la zona norte. El ataque septentrional, quedaba por lo tanto bajo la responsabilidad de Mola, el cual realiza la ofensiva sobre la Sierra madrileña, principalmente por los dos flancos de mayor accesibilidad: Guadarrama y Somosierra. En el verano del 36 se producen los primeros movimientos del bando nacional para ocupar este último paso, comienzan las primeras luchas que acaban por madurar en el choque inmóvil de dos grandes bloques militares, divididos por un frente situado por encima del río Lozoya: el republicano al sur, y el nacional al norte.


Los esfuerzos republicanos para defender la capital, llevaron a sus dirigentes a recopilar efectivos comoo fuera. Un heterogéneo ejército compuesto por batallones de milicias, algunas tropas de caballería, infantería y artillería, una compañía de la guardia civil, y un cuerpo de carabineros y zapadores, avanzaba hacia la sierra lo más rápidamente posible con una obsesión: detener el avance rebelde más allá de las aguas del Lozoya, pues el miedo a que estas fueran contaminadas por los sublevados, angustiaba a un Madrid que bebía y dependía profundamente de este río. Y así se hizo, el objetivo fue cumplido, y el frente quedo al norte de la cuenca, lo que situó a Garganta de los Montes geográficamente y políticamente (al menos de forma institucional) en el lado republicano


Desde la Gobernación del Estado, se decreta la disolución de los ayuntamientos y la creación de Consejos municipales, formados por vocales que representen a las fuerzas políticas del Frente Popular y a las organizaciones sindicales. En Garganta se reúnen la Junta, y el único sindicato del Municipio, la Unión de Trabajadores de la Tierra de Garganta de los Montes (asociada a la C.N.T.) al no haber políticos. Se lleva a cabo la elección de los cuatro vocales miembros del nuevo Consejo Municipal, y se decide que sea este el que vele por los intereses del pueblo, y se encargue del abastecimiento de víveres de la población civil. Una vez más, en las reuniones de este Consejo se reitera la afección al régimen republicano.


Asentadas las posiciones, estas no variaron hasta prácticamente el fin de la guerra, la situación para la mayoría de los pueblos de esta región, a pesar de vivir directamente el conflicto, fue de relativa calma. Aunque tenemos la desgraciada excepción de Buitrago, Gascones, Gandullas y Braojos, que fueron arrasados por los combates, al estar inmediatos al frente. No fue el caso de Garganta, alejada del choque directo por un colchón de varios kilómetros; sin embargo, el pueblo tuvo que hacer frente a otro tipo de consecuencias, que aunque no presentaban una naturaleza tan destructiva, impusieron a las gentes del pueblo una enorme dureza y una extrema tensión, por la presencia in situ del ejercito republicano. Una enorme masa de soldados tuvo que ser alojada en las casas de los vecinos garganteños, los milicianos al introducirse en estas, se mezclaron en la vida familiar, con la consecuente perdida total de intimidad.


Por otro lado, y como hecho de mayor gravedad, se produjo el asesinato del cura del lugar, y se tomó la iglesia de San Pedro como cuartel, excelente punto estratégico, por la dureza del edificio, por la estrechez de sus vanos, y por la elevada torre del campanario, desde donde se podía vigilar un amplio territorio. Esto trajo consigo la gran pérdida de parte del archivo y el inventario de la parroquia. En El Cuadrón la humilde iglesia recién construida hacía a penas diez años, era ocupada también por tropas republicanas, pero en esta ocasión con un nuevo uso, pues parece ser que se utilizó a modo de cocina.


No existían vecinos con grandes riquezas dentro del Término, eso fue otro factor para que la calma reinara en años de guerra, pero sí que nos ha llegado la anécdota de uno de los vecinos que económicamente más sobresalían, es el caso del gallego Domingo Muñoz, el matarife, el cual obtenía en subasta todos los años los montes arrendados por el Ayuntamiento, con el objeto de obtener carbón a partir de la tala de árboles. Durante la estancia republicana en el pueblo, mantuvo cierta simpatía por los ideales democráticos que se estaban defendiendo, sin embargo, a medida que la contienda avanzaba, y el Ejército Nacional se alzaba como el ganador de la Guerra Civil, este personaje cruzó el frente y entabló buena relación con los rebeldes apostados en las laderas del Sistema Central, para una vez acabada la guerra tener el privilegio de los vencedores.


Una vez finalizado el conflicto armado, mientras el matarife se libraba de la represión franquista por el cambio de bando, muchos soldados y algunos garganteños, así como vecinos de El Cuadrón, fueron hechos prisioneros y llevados en camiones al campo de concentración de Aranda de Duero, muchos de estos últimos denunciados ante los nacionales a causa de envidias. Todo esto no hizo más que ampliar los sentimientos de odio entre vencedores y vencidos bajo una represión durísima y humillante, y unas condiciones de vida paupérrimas, pues el hambre hacía presencia, principalmente en aquellas familias carentes de tierras que cultivar, que sólo les quedaba la solidaridad de ciertos vecinos y una mísera cartilla de racionamiento.

 

En conclusión, la Guerra Civil supone la crisis en todos los ámbitos más profunda sufrida por la sociedad española, una herida olvidada pero no cicatrizada, por el candente odio mantenido durante años de Dictadura. El olvido es forzado ante el horror que significó aquella guerra, y aún hoy, los más mayores del pueblo se muestran reacios a hablar sobre el conflicto.

 


La transformación de Garganta de los Montes


La inercia de una economía que se transforma profundamente, la revolución tecnológica, el avance en el proceso de madrileñización de la Sierra, el aumento del interés ecológico y naturalista ya propuesto por Fernández de los Ríos, y como no, la llegada de la democracia y la consiguiente entrada en la Unión Europea, han provocado un cambio brutal en Garganta en los últimos cincuenta años. La vida en este pueblo y en su anejo El Cuadrón, ya no se parece en nada a como era, la inmovilidad económico-social que tantos cientos de años caracterizó a la región, se rompe progresivamente para mostrar en la actualidad un panorama bien diferente.

 


Poco a poco el pueblo fue adquiriendo unas mejores condiciones de vida, sobre todo con la llegada de los avances más básicos como el agua corriente a los domicilios y la luz eléctrica. El disfrutar de agua potable en casa era algo fabuloso para aquellas gentes que habían tenido que cargar durante años el agua en cántaros de barro y cubos de zinc, desde fuentes como la de Marichica. La luz, que se obtenía en un principio con lámparas de aceite, o incluso de petróleo, se transforma en una luz limpia, eléctrica, proveniente de la presa de la luz. Sin embargo, la precariedad tecnológica de aquellos años imponía unas condiciones mínimas, pues sólo se podía utilizar una bombilla por casa. Ante esta condición, los vecinos ingeniaron formas para aprovechar al máximo el único punto de luz eléctrica, construyendo en ocasiones vanos interiores entre las habitaciones para que la luz llegara a todos los rincones posibles; además, la bombilla no se disponía en un sitio fijo, sino que con un largo cable se llevaba al lugar de la casa donde más falta hiciese. Más tarde, con la mejora de infraestructuras creadas por el Canal de Isabel II, se pudo mejorar el nivel de calidad y cantidad de luz, abandonándose poco a poco las fábricas de luz improvisadas en antiguos molinos harineros.


Un aspecto muy importante son los avances en el sector del transporte, pues acercaban a los pueblos de la sierra a la gran capital, y se mejoraban las comunicaciones entre los propios municipios de la comarca, aumentando el abanico de posibilidades. Por un lado, la tecnología creaba buenos coches, cada vez más fiables, y por otro, las carreteras comenzaban a llegar a todos los rincones de la sierra. Además, las obras del ferrocarril Madrid-Burgos, proyectadas en la II República, se reanudaron tras el fin de la guerra, concluyéndose su construcción en 1968.


Pero la transformación más significativa en relación al siglo XX, y no digamos ya, a las condiciones existentes bajo el señorío de Buitrago, la encontramos en el cambio estructural del modelo poblacional, motivado por la evolución económica, alentada a su vez por el múltiple progreso tecnológico. Tanto la actividad agrícola y ganadera, como la producción industrial (representada por la obtención de carbón y los trabajos en la mina de la Horcajada) cesan. Por un lado, se comienza a comercializar una nueva fuente de energía, el butano, mucho más limpia y efectiva, desplazando así al carbón; y por otro, las nuevas circunstancias hacen que los jóvenes emigren a la ciudad (un 27% de la población total), con la consecuente pérdida de mano de obra en el pueblo. Esto conlleva un envejecimiento de la población garganteña, y lo que es más importante, el abandono generalizado del campo. Ha sido necesaria una reconversión económica para mantener la vida del pueblo, una reacción obligada ante este fenómeno, que ha surgido en la última década con la potenciación del turismo rural y ecológico. A través de la creación en 2000 de una oficina de turismo en El Cuadrón, de la publicidad de Garganta como destino turístico dentro del Valle del Lozoya en varios medios gráficos, y de la publicación de guías con rutas atractivas por las tierras del Término Municipal, se ha conseguido que actualmente este sector se encuentre en un momento de auge.

 

 

La gran transformación sufrida por Garganta de los Montes acaba madurando con la llegada de la democracia, y con las ayudas económicas suministradas por la Unión Europea, al adherirse España como socio en 1985. Estas nuevas circunstancias influyen en gran manera; la nueva sensibilidad ecológica frena una corriente constructora en la Sierra Norte surgida en la década de los setenta, al establecerse leyes de protección a los espacios naturales que regulan el uso del suelo. Se acaba de esta manera con la edificación de urbanizaciones ilegales. Esto parte de la conciencia de la riqueza naturalista de la región y de los nuevos valores democráticos en los que la sostenibilidad ambiental es primordial.


 


 

Sin embargo, el profundo cambio de rumbo acontecido en este último medio siglo, a pesar de haber significado un sustancial progreso para Garganta y su región, implica nuevos problemas representados por el desequilibrio territorial, pues la Comarca de la Sierra Norte ha sido una región bastante perjudicada en este sentido en relación a otras zonas de características similares como la de la Sierra de Guadarrama, de ahí el sobrenombre para esta región de Sierra Pobre. Este desequilibrio se ha fraguado en varios aspectos: en la falta de inversión en infraestructuras, equipamientos y dotaciones, en el subdesarrollo económico, social y cultural, y en el ámbito de la despoblación anteriormente comentada.



 


La Comarca de la Sierra Norte, actualmente ha mejorado en gran medida en este sentido, pues se ha invertido profundamente en la última década en infraestructuras para el Municipio y en el desarrollo cultural y social. La recuperación de edificios para el uso público, la restauración de monumentos religiosos y funcionales del pasado, la construcción del nuevo cementerio y equipamientos polideportivos, la apertura del primer centro de acceso público a Internet en la Sierra Norte, o los múltiples trabajos de recuperación de las tradiciones de Garganta, son buenos ejemplos de la inversión canalizada por la Comunidad de Madrid Sin embargo, en lo que respecta al problema demográfico, a pesar de los esfuerzos, no se ha conseguido rejuvenecer una población cada vez más vieja y decreciente.


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