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Historia de Alameda del Valle

INFORMACIÓN SOBRE LA HISTORIA DEL MUNICIPIO DE ALAMEDA DEL VALLE




De los orígenes a la Edad Media


El término de Alameda del Valle está poco prospectado desde el punto de vista arqueológico. No se cuenta con ningún trabajo metódico que ponga de manifiesto los verdaderos valores de la zona, si bien el Valle del Lozoya es un enclave de depósitos cuaternarios que puede tener cambios en su registro arqueológico si se estudia su terreno con detenimiento.

De la Edad Media disponemos de varios testimonios escritos que hablan de la zona. Alfonso X El Sabio, siglo XIII, en carta de 1273 concedió exenciones tributarias a los que «moran o moraren» en las alberguerías del puerto de Malagosto. También el Libro de la Montería de Alfonso XI nombra el mismo puerto. Por último, el Arcipreste de Hita, en su libro del Buen Amor, nos cita el puerto de Malagosto al relatamos el encuentro con la serrana y sus andanzas por la Sierra de Guadarrama. Debió de ser un paso muy transitado en la Edad Media; después no conocemos itinerarios ni relatos de viajeros que se refieran a él. Madoz, en 1848, lo cita como puerto de comunicación del Valle del Lozoya con la ciudad de Segovia, aunque en esta época según el diccionario, se utilizaba poco.


De estos textos se puede deducir el ambiente serrano del Valle en la Edad Media, su utilización por parte de la nobleza como sitio de abundante caza de osos y jabalíes, un tránsito habitual por el paso de Malagosto de personas y ganado, y un fondo de valle transformado por el pastoreo y laboreo con pequeños núcleos de población cerca del río.

No obstante, las fuentes históricas de Alameda del Valle son escasas y más tardías de lo habitual. No aparece en las Relaciones de Felipe II, documento que por regla general nos proporciona los primeros datos municipales. Esta ausencia podría ser un síntoma de la escasa importancia de este pueblo. Por otro lado, la fuerte unidad física e histórica del Valle Alto del Lozoya ha dado lugar a estudios, cuyo objeto ha sido la comarca natural, más que los propios municipios que la integran.

Las ordenanzas de Segovia de 1302, encaminadas a poblar desde la Sierra de Guadarrama hasta los campos del Jarama, hablan de «Val de Lozoya» y lo dividen en cuatro cuadrillas: Rascafría, Oteruelo, Alameda y Pinilla, obligando a los caballeros, dueños, escuderos y doncellas a que adquiriesen sus tierras o «quiñones» a establecerse en ellas, a fabricar una casa y tener caballo propio.

Los caudillos segovianos crearon una milicia de cien caballeros, «Los Quiñones», para defender a Segovia de las incursiones de los musulmanes refugiados en el Valle del Lozoya, donde se habían hecho fuertes gracias a sus condiciones agrestes y de aislamiento.

La Comunidad de la Ciudad y Tierra de Segovia estaba formada por cerca de doscientos pueblos, divididos en diez sexmos, que a su vez son agrupaciones de varios pueblos. Alameda del Valle estaba integrada en el sexmo de Lozoya. Esta organización sociopolítica y económica «tuvo por objeto el disfrute y aprovechamiento en común de los vastísimos territorios reconocidos y confirmados por los monarcas castellanos a los valerosos hijos de esta comarca, segovianos todos, como recompensa debida a sus procesos innumerables en la titánica lucha por la Reconquista».

La Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia pertenece a una Castilla que nunca aceptó el Fuero Juzgo de León, se gobernaba por concejos democráticos, organizados en una federación de comunidades autónomas unidas por un jefe común, que administraba los bosques, pastos; aguas y minas comunes. Sus características principales eran «fidelidad y sumisión directa al Rey, con exclusión del señor feudal, fraternidad e igualdad entre las aldeas, mancomunidad de intereses y unidad de fuero por propia y exclusiva organización económica, administrativa, jurídica y militar y aún política y social constituyendo una verdadera provincia».

El afán centralizador de los monarcas españoles fue despojando de las funciones políticas a la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia. Posteriormente la desamortización dio un duro golpe a la propiedad mancomunada, su principio fundamental.

Siglos XVI, XVII y XVIII


Durante el siglo XVI y XVII se produce un relativo vacío documental. Sólo en el archivo de la iglesia parroquial se han localizado algunos documentos de estos siglos.

El catastro mandado hacer por el Marqués de la Ensenada en 1750 es el primer documento que describe de forma general la realidad socioeconómica de Alameda del Valle. Nos confirma que es una población de realengo, sujeta a la jurisdicción de Segovia. Cuenta con ochenta y dos vecinos y ninguno vive en casa de campo ni «alquería». «Aí ciento siete casas, inclusas las del Concejo y cuatro arruinadas». Nos describe un pequeño pueblo sin edificaciones fuera del núcleo urbano; las actividades básicas de la economía serrana condicionan fuertemente su imagen. Las viviendas se distribuyen de forma aleatoria y mezcladas con edificaciones auxiliares, intercalándose corrales y huertas sin ninguna jerarquización. El material de construcción es la piedra berroqueña, utilizada también para cercar huertas y prados. No existe ningún edificio de relevancia; el campanario de la Iglesia y los grupos de álamos de alto porte son los únicos elementos sobresalientes.

La Iglesia parroquial de Santa María Virgen y Mártir, construida en el siglo XVI, tiene soluciones góticas y renacentistas. En el siglo XVIII sufre varias ampliaciones y modificaciones.

Las tierras de propios son más de los dos tercios del total del municipio. Un gran porcentaje de estas tierras está dedicado a pastos y prados. Su principal fuente de riqueza es la ganadería, siendo el ganado lanar el que produce mayores beneficios, tanto por el número de cabezas que poseen, como por los peajes de los rebaños trashumantes. La lana llega a ser una de las principales industrias, exportándose después de las primeras transformaciones. Durante el siglo XVIII más de 700 toneladas de lana de los Palacios Reales de Madrid y más de la mitad del carbón se obtenían de la Sierra de Guadarrama. Con la decadencia de la Mesta, viene la de la trashumancia, y aunque quedan rebaños estantes, la ganadería vacuna empieza a adquirir mayor importancia, constituyendo el elemento característico del paisaje.


La explotación de los productos forestales se hace periódicamente, «las matas de rebollo son bienes de propios». El Ayuntamiento las otorga anualmente por subasta.

Existían doce eras y dos molinos harineros para la molienda de los distintos cereales; tanto éstos, como los productos de los huertos o los diversos frutales, se cosechaban para el consumo propio. No ocurría así con el lino, que se manufacturaba íntegramente consiguiéndose un producto de buena calidad que se exportaba. Esta es la industria más importante en el siglo XVIII, contando con dos pozas y cinco tejedores. Existían también dos herreros, dos zapateros y dos papeleros.

Cerca de la ermita de Santa Ana, las canteras de caliza cretácica proporcionaban piezas de sillería de buena labra muy aceptables para la construcción.

En las Descripciones del Cardenal Lorenzana, 1782, se menciona un puente de madera para cruzar el Lozoya; también se hace referencia a la existencia de una casa hospital donde se recogían los mendigos trashumantes; hoy ninguno de los dos existe. Por último se citan dos ermitas, de las que en la actualidad sólo conocemos una, la Ermita de Santa Ana.

Aunque no hay documentación que refleje su origen, se puede decir que la construcción de esta ermita data del siglo XVIII. Está situada aproximadamente a 1,5 Km. al sur del núcleo urbano, muy cerca del río Santa Ana, en una dehesa con una amplitud de vistas excepcionales sobre las sierras, teniendo el macizo de Peñalara enfrentado al otro lado del Valle.

En el año 1786, el censo de Floridablanca nos revela una población activa y próspera, con 342 habitantes, y una pirámide de edad bastante joven: sólo 40 personas sobrepasan los cincuenta años. Su distribución por oficios es de 82 labradores, 3 jornaleros, 4 artesanos, 8 criados, un cura y un sacristán. Estos datos nos reflejan la imagen de su funcionamiento socioeconómico.

Varios documentos del siglo XVIII nos hablan de la calidad del medio físico, de sus aires sanos y sus abundantes y claras aguas que favorecen una flora muy diversificada «con infinidad de yerbas extrañas de las cuales muchas son medicinales y las recogen los boticarios».


Siglos XIX y XX


Alameda del Valle ha estado históricamente vinculada a Segovia, a cuya Comunidad y Tierra pertenecía. Con la reforma administrativa de Javier de Burgos en 1833, pasa a formar parte de la provincia de Madrid. La nueva situación administrativa no cambia las costumbres y valores tradicionales de este pueblo que sigue unido a su sexmo. Sólo los cambios socioeconómicos ocurridos en las últimas décadas, tan rápidos y profundos han provocado la desaparición de sus instituciones y sus peculiares modos de vida.

La primera referencia gráfica del núcleo urbano la encontramos en 1879, en un trabajo topográfico llevado a cabo por el Instituto Geográfico y Estadístico. Se trata de un plano de población manuscrito en dos hojas a escala 1:1.000 y su autor es Gregorio González Sánchez.

Presenta una trama urbana de estructura irregular, en la que alternan la edificación y grandes huertas cercadas; éstas delimitan estrechos callejones que se ensanchan en las confluencias dando lugar a pequeñas «plazuelas» desiguales. La mitad norte del núcleo está más densificada que la mitad sur, donde los espacios de huertas anejas a la edificación son de mayor tamaño.

En la actualidad el núcleo continúa respondiendo a la morfología tradicional, excepto en el espacio que conecta con la carretera comarcal donde han surgido algunos bloques de viviendas y chalet.

Durante el siglo XIX la población crece a un ritmo constante; en 1889 el núcleo tiene 100 casas y 400 habitantes. La fisonomía del pueblo no experimenta variaciones importantes, ningún edificio notable se lleva a cabo. Sus construcciones siguen siendo de origen rural, a base de mampuestos de piedra granítica o de gneis, con cubiertas de teja árabe que forman grandes paños. Vivienda y edificación auxiliar se localizan y reparten en el tejido urbano de forma indiscriminada.

A finales del siglo XIX y primer tercio del XX aparecen algunas casas de carácter más urbano. Sus fachadas están revocadas y utilizan elementos constructivos más o menos cultos como jambas de piedra, cornisas de ladrillo, forja en sus balcones o impostas entre las plantas. Su altura de dos pisos y cámara bajo cubierta se eleva sobre las anteriores.

De esta época data la Casa Consistorial. Su fachada tiene una composición simétrica, con dos balconadas a los lados y un cuerpo central más alto. Por encima del balcón presidencial hay un reloj y un curioso campanil de forja.

La ocupación principal sigue siendo la agrícola y ganadera. A finales del siglo XIX el municipio tiene 400 cabezas de ganado vacuno y 200 de lanar que se destinan a la obtención de carne y leche. También cuenta con 72 cabezas de ganado caballar y 10 asnos dedicados a las labores agrícolas.

«Su industria se reduce a la elaboración de pan, fabricación de vino y aceite, y conservas de carne y algunos frutos naturales».

En 1900, la población llega a la cota más alta en su historia, con 408 habitantes; a partir de este censo empieza a descender de forma continuada hasta nuestros días. El descenso de la población es una consecuencia directa del progresivo abandono de los recursos agropecuarios y de la tendencia migratoria hacia las grandes ciudades que se produce en el conjunto del medio rural a partir de la década de los cincuenta del s. XX.

El núcleo se compone de un abigarrado conjunto de células de forma irregular y superficie variable, en las que alternan la edificación y los espacios libres cercados, cuya parcelación interior resulta muy diversa en tamaño y disposición.

En la zona norte se emplaza el grupo escolar Joaquín Caballero. Responde al modelo de escuela rural unitaria de los años 1940-50. En la actualidad se está rehabilitándolo para convertirlo en el Museo de Artes Decorativas y Oficios tradicionales que pronto abrirá sus puertas.




El conjunto de edificaciones dedicadas a vivienda se encuentra, en general, en buen estado de conservación. Sin embargo, no faltan añadidos o construcciones menores en distintos materiales que adosados a la edificación antigua. Más deteriorada está la edificación auxiliar de tipo tradicional, que al perder su uso se ha descuidado hasta la ruina, o se ha transformado en almacén o garaje con frecuentes revocos de la fábrica exterior y retejados en Uralita.



Fuera del núcleo, en la zona suroeste del término, hay que mencionar el refugio de la Majada del Cojo, situado en las cercanías del Puerto de la Morcuera, a 1700 m de altitud. Se trata de una sencilla construcción, realizada con los materiales tradicionales de la zona, y dedicada en su origen a casa del guarda forestal; en 1985 fue rehabilitada para dedicarla a refugio de montaña dependiente de la Comunidad de Madrid

En algunas calles aun se pueden observar los restos del antiguo sistema o red de acequias que, desde la toma de agua en el arroyo de la Saúca, discurría paralelo a las calles para regar las huertas.

En los espacios públicos o semipúblicos es fácil encontrar algunos elementos de valor funcional, hoy en desuso, como abrevaderos de piedra, restos de potros de herrar o grandes lajas de piedra para cruzar acequias.

Adquieren un papel importante, en el aspecto visual, las cercas de piedra de las huertas que delimitan las distintas calles y callejas.

En el espacio perimetral; se prolongan los cerramientos de mampuestos que delimitan los prados o pequeños huertos, que junto con el arbolado continúan siendo los elementos característicos del paisaje local.

En la zona sur, entre el núcleo y el río Lozoya, hay un espacioso descansadero de 4,40 hectáreas en la otra orilla del río y nada más cruzar el puente se localizan las eras empedradas, cubiertas en parte de tierra y vegetación.

Elemento fundamental en la configuración urbana lo constituye el arroyo de la Saúca, que bordeando al núcleo por el este, define sus límites y da lugar a una excepcional alameda. Si bien, sobre estos bordes del núcleo, en parcelas vacías, han aparecido nuevas edificaciones sin unidad constructiva y de volúmenes, materiales y acabados que no están en consonancia con el resto del municipio. Alrededor del eje de la carretera, se han construido viviendas de tres plantas, chalet adosados y bloques de cuatro alturas que suponen una alteración del tejido urbano.


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